Las aguas termales

Agua  terapéutica a más de 60 grados

La historia de la Garriga está ligada al termalismo, desde la época antigua y sobre todo durante la romanización, de la que conserva Vestigios d’interès como la Villa romana de Can Terrers, declarada Bien de Interés Nacional. El Núcleo urbano de la Garriga se formó alrededor del agua termal, con un agua caliente que salía con una temperatura superior a los 60 grados centígrados.

Las aguas termales han estado siempre utilizadas durante las diferentes épocas pero es a principios del siglo XX cuando el fenómeno del veraneo pone en alza este patrimonio natural, por el hecho que la burguesía catalana escoge la Garriga como destino de vacaciones.

Los beneficios de las aguas termales se deben a su contenido en minerales, debido a sus características de donde sale, la profundidad del suelo, que pueden ser absorbidos papel cuerpo.

Las características de estas aguas, gracias a los diferentes minerales y temperatura, aportan diferentes usos terapéuticos. Las propiedades del agua termal se deben a que el agua antes de salir a la superficie han sido aguas muy profundas, en este camino es cuando el agua capta los minerales y el dióxido de carbono. Lo que le da buenas propiedades curativas y es limpia de bacterias y polución.

Las aguas de la Garriga están especialmente indicadas para las afecciones dermatológicas, aumentando el sistema inmunológico. También están indicadas para el estrés por su grado sedante y analgésico, la hipertonía muscular, el aumento de flujo sanguíneo y los afecciones del aparato locomotor, como contracturas o fracturas.

Estas aguas termales son las que proveen los balnearios de la Garriga, consulta el Termalismo de la Garriga.


El agua termal también es pública, el Pou Calent

En la calle de els Banys 19, encontraréis el Pou Calent. Una fuente recuperada gracias una reforma del vial que permitió abrir una captación de agua caliente que se extrae a 65 metros de profundidad a una temperatura de 59 grados. Actualmente, se extraen 5.000 litros por hora pero la vía permetiría llegar a obtener 90.000. El agua que sale está clasificada como no apta para el consumo humano.

En el siglo XIX, la Garriga tenía tres pozos públicos de agua termal. Era el auge de los balnearios, y el Ayuntamiento tuvo que luchar para conseguir preservar la servitud comunal de este, que ja se conocí como el Pou Calent (Pozo Caliente).

Lo consiguió, finalmente el año 1863. Nueve años más tarde, pero se trasladó al pozo a pie de calle, dónde se encuentra ahora. Por tanto, el Pou Calent, que ha llegado a nuestros días fue construido el año 1872, pero conserva la fecha de 1863, cuando se confirma su uso público.

Contiene la representación más antigua que se conoce del escudo municipal, y es la muestra que el agua termal y sus usos también pueden ser públicos.